Juntos por pecadores
Ha llovido toda la noche y tal vez siga lloviendo. El agua por aquí es cosa sagrada, si tan sólo hubiera llovido ayer no estaríamos en este enredo...
Pues ya no tengo que decirle y menos sé que hacer, usted me acaba de quitar mis últimas ganas de llorar cuando dijo que lo hacía por puro mentiroso y si usted no me creé... entonces, no tiene ni caso seguir explicando. Al verlo pasar por esa puerta sentí consuelo, pensé: “él si me va a creer, me abrazará y me dirá que lo que me están haciendo es una injusticia, intentara hacerles entender que todo esto es un mal entendido”. Pero no, usted entró señalando y gritando, como intentando impresionar a alguien, quién sabe que tanto dijo de los pecados y del infierno, después de que empezó con el griterío ya no le entendí, haga de cuenta que se me enceraron los oídos, usted privándome de su consuelo me secó los ojos.
Pasé por un espanto horrible, pero eso, a nadie le importó, también pasé por el coraje de ver como los que se decían mis amigos me señalaran e injuriaran, y de la corretisa mejor ni hablo, me querían linchar cuando yo jamás a nadie he lastimado o perjudicado, pregunte si no. Oh, pero usted ahí con su traje negro y su cara de asco remata el numerito. ¡Son unos rejijos todos ustedes, bola de cabrones! Ni siquiera un chancecito me dieron para penar, como si no supieran que yo los quería. Sí, aunque siga poniendo esa cara. Yo los quería.
¿Cómo para que me pregunta de razones, si no me va a creer? Quítese de cosas y mejor escuche, de momento lo único que me importa es que al rato me lleven para los juzgados de la ciudad. La verdad me espanta no volver, dicen muchas cosas horribles de las cárceles y también está mi rancho, mis animalitos, ellos qué culpa... Total la siembra se repone (y un tanto ya estaba perdida por la plaga), la tierra por aquí es combidosa: con poquito trabajo, otro tantito de agüita y lo calientito del sol, uno puede mantenerse, pero los animalitos ¿esos cómo se reponen? Son años de trabajo y de cuidados, me los quitarán y eso no es justo… Ya, ya, para usted no es importante, pero para mí sí, total usted tiene todo un pueblo de donde echar mano y no me lo tome a mal, pero yo, yo no tengo ni papá y ni mamá, usted mismo ofició los entierros y hermanos no tuve, estoy solo, ¿a mí quién me va a ayudar? ayer perdí mis únicos sustentos.
Sigamos pues: Rosendo era como mi hermano, para más señas mi padrino, pero eso está de más, usted ofició mi boda y conoció también a mi Angelita. Cuando ella y yo nos casamos a su iglesia le regalamos esos bonitos manteles bordados ¿qué no? Bueno, entendido esto, le diré exactamente lo mismo que le dije al comandante ese al que mandaron por mí: que yo trabajé para Rosendo mayor y tengo la misma edad que Rosendo chico, o sea 32 años. Don Rosendo -que en paz descanse- siempre ayudo a mi familia. Él si era hombre derecho, para ayudarnos le compró hasta el último pedazo de tierra que teníamos a mi mamá cuando mi papá se enfermó y como de todos es sabido ayudo a mi madre a sacarme adelante cuando se la llevó a trabajar a su casa, la casa grande.
No tuve ratos de ocio, desde chico me enseñaron a trabajar la tierra, criar animales y de albañilería, todo esto lo seguí practicando en la finca. Después cuando el viejo murió le dejo todo a Rosendo chico, porque algo de bueno habría de haber tenido el viejo que su esposa que le era retefiel y dos criadas con las que siempre fue muy atento no tardaron tanto en irse a alcanzarlo, entre ellas mi mamá. Yo digo que se murieron de la tiricia, otros que de enfermedad, pero a saber, el caso es que casi nadie quiso ir a los velorios o los entierros, no fuera a ser que la enfermedad o la tristeza se les pegaran.
Ya para esos andares tenía yo 21 y conocía a Angelita, ella también vivía en casa de don Rosendo, la cortejé.
Obviamente el trato con el hijo era más fácil que con el padre, pero muerto éste, aunque Rosendo chico y yo fuéramos amigos me tuve que salir de la casa grande, habría sido abuso quedarme ahí.
Pues bien, tenía algo de dinero ahorrado de lo que gane cuando trabajaba en la finca, por que eso si, siempre me pagaron justo pero continuo, además de un poco que me dejó mi mamá. Con ese capital compre la tierra que está ahí donde hoy es mi casa y seguí cortejando a mi Angelita. Después de conocernos un poco mejor, esa preciosa mujer aceptó ser mi esposa. Rosendo se entero de las buenas nuevas y siendo tan buena persona no nos dejó solos, se ofreció para padrino y hasta pagó la mayor parte de los gastos del baile. Sin duda más que patrón el fue mi mejor amigo, vea si no: por esos días se fue con Angelita a la ciudad para comprar el vestido para la boda, pues como todos saben y él me lo reiteró: “es de mala suerte ver a la novia con el vestido antes de la boda”.
Pero quite esa cara con trazas de llevar prisa ¿qué le quita oír un poco más? Total si no regreso, de menos, esta historia le servirá al pueblo de chisme y de ahí que no me olviden. En fin, hay que adelantar un poco por que ya me empieza a incomodar el: toc, toc, toc de su zapato martilleando el piso.
Es de todos sabido que siempre en las cosas buenas el tiempo es corto, así fue con mi matrimonio, nomás duró cinco años, pero ¡viera que felicidad había en la casa! Ella en la cocina, yo en el campo y en las noches los dos juntitos en la cama… como sea, yo me hice de unos terrenitos de siembra y algunos animales que compré para crianza, todo para tener ocupadas las manos lejos del relajo y de los vicios, si no que le digan, haber si hay en el pueblo quien pueda decirme en la cara que era borracho o, mujeriego o, vicioso de cualquier tipo, jamás he sido mala persona, no sé por qué todos se hacen los desentendidos.
Angelita siempre fue laboriosa y me ayudaba a acrecentar lo poco que teníamos, algunos días iba a la casa grande a ayudar en la cocina y ganaba buen dinero, creo que después de todo ahí había mano de Rosendo, siendo tan bueno, creo que hasta le pagaba demás para ayudarnos. No entiendo cómo puede alguien dudar de nuestra amistad o del cariño que había entre nosotros. Pues así como el era mi amigo, también mi esposa se lo amigó, nomás para que vea hasta donde nos comprendíamos…
¡Oh qué la!… para acabar pronto: estoy firme en lo que dije: todo esto es un mal entendido, yo siempre quise a mi mujer y le he tenido ley a Rosendo como a un hermano, verdad de Dios que es cierto lo que le digo, tanto que así como se lo platico siento como me punza el corazón y me tiemblan las manos, también siento cómo en el alma se me está atorando el espanto del recuerdo asqueroso que intento evadir, pero que sé, siempre estará conmigo: los gritos y el tormento que reflejaban sus caras atosigadas por el dolor, sus cuerpos retorciéndose embarrados de lumbre y la desesperación que tenían por no encontrar una salida entre el fulgor del fuego que los rodeó. Y yo, parado ahí frente a ellos, engarrotado, sudando, retemblando, aturdido y sin saber que hacer. No hice nada, sólo pude verlos… Pero ni usted, ni nadie me quieren creer.
¡Nunca me moveré de lo que he dicho! Y mientras tenga vida seguiré diciendo que Rosendo mi mujer y yo fuimos los mejores amigos, pero hasta entre los amigos hay traiciones, de eso yo me enteré el maldito día que me dio por quemar la plaga que se anidó entre el avena y el zacate, ¡yo cómo carajos iba a saber que ese par de traidores habrían de estar ahí pecando!
lunes, 17 de mayo de 2010
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