La bestia en mí está enjaulada por delgadas y frágiles barras. Inquieta día y noche se queja con rabia a Dios: ¡Estrellas ayuden a la bestia en mí!
La bestia ha tenido que aprender a vivir con el dolor, la angustia, a como protegerse de la lluvia con sus simples manos y a reír. Dios ayuda a la bestia en mí.
A veces trata de engañarme me dice que es sólo un osito de peluche y hasta se desvanece en el aire. Tengo que tener cuidado de no caer en el engaño. Ellos han visto fuera sólo mi ropa, pero, no a mí.
No está muy claro si estoy en sus entrañas ella o ella en las mías... ¡Dios abrázame, ayuda a la bestia o ayúdame a mí!
domingo, 21 de abril de 2013
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